La gran clasificación de los cítricos
El ganador no es un cítrico
Los cítricos son el reflejo en muchísimos vinos blancos. Se mete la nariz en la copa, es fresco, es amarillo en algún rincón de la cabeza: cítricos. La palabra sale sola.
Pero ¿cuáles, exactamente? ¿Limón, pomelo, bergamota, clementina? Los hemos contado. Contado de verdad.
Lo que dicen los datos
A fecha de este análisis, de las 4 143 729 expresiones de cata analizadas por Tastee, los cítricos representan 123 778, cerca del 3 % de todo lo que los catadores escriben sobre la nariz y la boca de un vino. Así se reparten.
El ganador no es un cítrico
El término más empleado de toda la familia es «cítrico». 51 466 veces. Casi el doble que el limón, que llega segundo.
Dicho de otro modo: muy a menudo, el catador huele algo cítrico y no dice cuál. «Cítricos» es la palabra de quien ha reconocido la familia pero no al miembro. La palabra paraguas, la que no se moja. Y sinceramente, ¿quién se lo va a reprochar? Distinguir una clementina de una mandarina en una copa, a ciegas, en la trigésima muestra de la mañana: pocos podrían garantizarlo.
Y luego llega la caída
Pasado el pelotón de cabeza, la clasificación se desploma. La mandarina, sexto cítrico más citado, pesa ya diecisiete veces menos que el término genérico que encabeza la lista. Por debajo de la naranja sanguína, todo cae bajo el millar.
Y en el fondo del todo, los héroes. La tangerina, 29 veces. El combava y el calamansí, 10 veces cada uno. Y la mano de Buda: ocho apariciones. Ocho, sobre más de cuatro millones.
Ocho veces, en algún lugar, un catador se llevó una copa a la nariz y pensó «mano de Buda». Nos encantaría saber qué había en la botella.
Lo que dice de nosotros
Esta clasificación habla menos de los vinos que de los catadores. Muestra dónde se acaba nuestro vocabulario común: cuatro o cinco cítricos que todo el mundo comparte, y después un desierto por el que solo se aventuran quienes han viajado mucho, cocinado mucho, o simplemente decidido ser precisos ese día.
La próxima vez que le venga «cítricos» de forma espontánea, tómese tres segundos más. ¿Limón o pomelo? ¿Ralladura o zumo? Ahí empieza a veces la verdadera exploración — y, de paso, así es como uno acaba escribiendo «cidra» sin temblar.
Anote también sus propios aromas en Tastee, por precisos que sean. Quién sabe… el próximo calamansí de la base quizá lo escriba usted.
Sus notas de cata valen más de lo que hace con ellas
Miles de comentarios duermen en cuadernos, hojas de cálculo y bandejas de entrada. Tastee los convierte en perfiles sensoriales, informes listos para compartir y materiales preparados para usar: desde el perfil de una cuvée hasta la tipicidad de una denominación, en todos los idiomas en que escriben sus catadores.
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