El petricor
Un aroma tan poético como raro
Hay palabras que suenan más a fórmula mágica que a aroma de vino. «Petricor» es sin duda una de ellas.
El petricor es ese olor tan particular de la tierra seca al recibir las primeras gotas de lluvia tras semanas de calor.
El término lo acuñaron en 1964 dos investigadores australianos, Isabel Bear y Richard Thomas, a partir del griego petra (la piedra) e ikhor (el fluido que correría por las venas de los dioses). Nada menos. Un simple olor a acera mojada, pero con pedigrí mitológico.
Qué evoca en el vino
En el vino, este descriptor pretende señalar una mineralidad muy concreta: una frescura casi terrosa, húmeda, que aparece a veces en ciertos blancos —al parecer más bien sobre suelos calcáreos o de pizarra— justo después de abrir la botella. Ese tipo de matiz que solo los catadores más curtidos se atreven a nombrar, y aun así, únicamente cuando están seguros.
De las 4 143 729 expresiones de cata analizadas por Tastee, en su inmensa mayoría redactadas por profesionales del vino, el término «petricor» aparece solo 19 veces. Diecinueve. Lo que lo convierte en uno de los aromas más raros y específicos de toda la base.
¿Por qué lo usa tan poca gente?
Se nos ocurren tres razones.
Razón 1: al cerebro le cuesta nombrar lo que rara vez encuentra. A diferencia de la frambuesa o la vainilla, olidas y memorizadas cientos de veces desde la infancia, el petricor es un olor poco frecuente en el día a día y, por tanto, mal cartografiado por nuestra memoria olfativa, que necesita repetición para asociar un olor a una palabra precisa.
Razón 2: pocos catadores están seguros de reconocer ese matiz tan específico, en lugar de una simple nota terrosa o mineral, mucho más habitual.
Razón 3 (poco probable): soltar «petricor» en plena cata es arriesgarse a que alguien le pida deletrearlo.
Lo que esta cifra dice de verdad
Lo que nos interesa de estas 19 apariciones no es tanto la anécdota. Es lo que revelan: el vocabulario de cata tiene una larga cola inmensa, y casi nadie la mira realmente.
Sabemos muy bien lo que los catadores escriben a menudo. No sabemos casi nada de lo que escriben una sola vez.
Atrévase con el petricor
La próxima vez que descorche un blanco mineral justo después de una tormenta de verano, cierre los ojos, respire y pregúntese si lo que huele no será exactamente eso: piedra, lluvia y quizá algo de mitología griega en su copa. Puede que siga sin estar seguro, pero al menos ya sabrá cómo se llama.
Anote también sus propios aromas en Tastee, por insólitos que sean. Quién sabe… el próximo petricor de la base quizá lo escriba usted.
Sus notas de cata valen más de lo que hace con ellas
Miles de comentarios duermen en cuadernos, hojas de cálculo y bandejas de entrada. Tastee los convierte en perfiles sensoriales, informes listos para compartir y materiales preparados para usar: desde el perfil de una cuvée hasta la tipicidad de una denominación, en todos los idiomas en que escriben sus catadores.
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